dilluns, 28 d’abril de 2014

LA DROVA

Fotografía de Geraldine Koninckx






    Jordi era periodista en un pequeño periódico local. Un día recibió dos fotografías de La Drova de  Geraldine Koninckx, una amiga suya. Eran para una exposición de la Universidad Popular de Gandia en la que participaba.
Al verlas se quedó agradablemente sorprendido. La primera representaba un carril bici bordeado por unos hermosos pinos. Sus copas verdes contrastaban con el color rojizo del sendero. La segunda era de unos pinos solitarios en la cima de un monte, como un padre y un hijo.
Jordi se quedó seducido por la primera, parecía una alegoría religiosa, tenía una historia detrás que habría que descubrir, tomando todo el tiempo necesario para la reflexión y el  análisis y leyendo casi entre líneas.
Las curvas de esta senda eran el elemento clave. Parecían ser como una gran fuente de inspiración, de sabiduría tal vez. Fuera los caminos rectos. ¿ Es verdad, a quién le gusta los caminos rectos?
Jordi siguió interpretando, meditando y soñando unos largos minutos. Se veía caminando por aquel sitio a paso lento pero firme. Y quién sabe lo que se podría encontrar, algún asunto misterioso pero seguro a su alcance. Unos minutos más tarde Jordi respondió a Geraldine, que, en su humilde opinión, sus fotos ganarían el concurso de esta exposición.

Gonzalo Ortega
Taller de Creación Literaria